Cuarto menguante

Te quiero en mi cuarto menguante,

en en el que ya a penas entra la luz,

te pienso y las paredes se tambalean,

se estrechan, nos reducen, menguan, nos acercan,

apretémonos tanto que nuestros besos se pesen en quilates.

Follemos como animales en la oscuridad del cuarto menguante,

que todos los secretos queden sepultados en la penumbra,

follemos hasta bien pasada la luna nueva, como si ésta nunca volviera.


Pero sí volverá el cuarto creciente, y te alejarás como se expanden sus paredes,

y ya no te alcanzaré, ni te respiraré, ni te saborearé, ni te veré...

Volverá a entrar la luz a través, y su brillo tenue hará palidecer tu presencia.

Volverá a salir la luna llena, y los demonios despertarán con ella...


Pero hasta que eso pase, te quiero en mi cuarto menguante.

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Desenlace

Fue en junio de 2017 cuando, después de la uni y ser tantas veces descartado de procesos de selección, la Agrupación me llamó para decirme que al día siguiente me esperaban para trabajar, sin entrevista, ni prueba ni proceso previo. Estuve un mes y medio haciendo palets y metiendo tarras vacías horas y horas en una línea de producción, en un sitio que me parecía tan grande, tan lleno de gente y movimiento que me intimidaba. Pero más me intimidaban aquellas Responsables que conocí, como Noelia, Guada, Espe... tan seguras y decididas controlando todas aquellas máquinas y personas a la vez. Y aunque el trabajo a veces se hacía duro y cansado era feliz, porque por fin alguien había contado conmigo.

Fue en 2018 cuando la Agrupación decidió una vez más confiar en mí y me ofreció ser responsable administrativo en la zona de calibrado, donde Carlos me enseñó lo que sería la base de todo lo que vendría después. No sólo ese año aprendí a ser administrativo y las otras campañas, también me llevé la amistad de mis "dos mamis" MariFe y Belén.

En 2019 volví al empaquetado, esta vez con mi hermano. Este año incluso me casé!! Salí de allí con mi amada esposa Eli, pero también con la amistad de gente tan grande y noble como lo son Toñy, Jose y Carmen. Si tuviera que elegir un año me quedo con este, porque de él me llevo los mejores momentos de mi paso por la Agrupación.

Y en 2020 llegó la oportunidad y una vez más se volvió a confiar en mi para ocupar el puesto de Administrativo de Producción hasta el día de hoy...

No puedo dejar de dar las GRACIAS a todos por haberme enseñado tantas cosas y haberme tratado tan bien estos años. Os admiro muchísimo a todos, admiro el esfuerzo y responsabilidad de personas como Mónica del dpto. Comercial, que dan TANTO por esta empresa, pero también a Nuria (bestie!), que por mucho que tenga que hacer siempre tiene una sonrisa y buenas palabras para mi. Mucho ánimo a los nuevos, porque Miguel y Patri dejaron el listón muy alto, tanto por profesionales como por personas. Y todos ellos coordinados y dirigidos por Ana Ester, una mujer que derrocha seguridad y convicción tan sólo con caminar (que envidia! 🤭). ¿Y sabéis que voy a echar de menos a alguien por llamarla por su nombre, Ascensión?

También admiro la labor del equipo informático de Gustavo... Con tantas ventanas y códigos y tablas y datos y cosas siempre en la pantalla por todos lados y que seais capaces de comprenderlo, no se siempre me ha parecido tan complicado! Pero tengo que dar las gracias especialmente a Marcos, que me ha aguantado muchas muuuuchas veces y se que le he dado muchos dolores de cabeza. Pero es increíble el trabajo que hace, que pintes algo en un papel y el lo haga posible, ojalá siempre te valoren el talento que tienes!

Hay tantas personas a las que tengo tanto que agradecer, como a Argeme que con su infinito saber y conocimiento de materiales me ayudó a sobrellevar mi primera campaña en la ofi y conocer tarras, cajas, palets, films, formatos... Y si hay algo que admiro más que todos sus conocimientos es su lucha💪.

Y si tengo que hablar de mi departamento... De verdad, no sabéis cuantísimo talento y esfuerzo hay en calidad-producción. Ojalá algún dia llegara a ser como Bego, que con solo mirarte te enmudece, y ojalá algún día tener la cabeza de Manu que es capaz de memorizar y retener tantísima información. Ojalá haber sido como Lidia cuando tenía la edad de Lidia, sabiendo y conociendo tanto siendo tan joven y con tanto talento por demostrar y todo el futuro por delante (espero que te traten tanto como vales). Ojalá ser como Laura, que prepara y realiza tareas tan delicadas bajo presión y a contratiempo, con la máxima diligencia y responsabilidad, y todo ello lo compagina con ser madre y contestar a una señora muy pesada que no deja de enviar correos😱!! Y ojalá algún día ser tan buen mentor y compañero como lo es mi compi, Pili, que tuvo tanta paciencia conmigo para enseñarme, que desde el minuto 1 me hizo sentir como uno más del grupo y que siempre ha estado dispuesta a ayudarme cuando me veía agobiado, incluso si ella misma estuviera hasta arriba de trabajo, y tener ese temple que nos hace sentirnos tranquilos a los demás... Pero, sobretodo, ojalá algún día poder hacer dinero como Richard 🤣 (también admiro todo lo que sabes, así como tu amor por el campo y la labor que realizas tanto dentro como fuera de la oficina).


Y todo este equipo lo lidera mi jefa, Ana, la persona a la que más tengo que agradecer porque fue la que realmente creyó en mí aquel septiembre de 2020. Gracias a la que me he desarrollado tanto profesionalmente por lo que me exigía, pero siempre con un buen trato y carácter que a muchos empleados les gustaría recibir. Todos esos conocimientos me los llevo de por vida, y cada vez que haga un cuadro de mandos una parte de mí volverá a esa pecera a darte las gracias. Admiro mucho tu capacidad para liderar un departamento que exige tanto, y tu tesón y perseverancia porque las cosas no sólo estén bien hechas si no que siempre vayan a mejor.

Podría estar escribiendo este post hasta mañana, porque hay tantísima gente digna de mención por su labor... A todos los jefes de almacén que hacen una labor que exige tanto en campaña (Raquel, Bego, Jota, Ander), todo el departamento de RRHH (Miriam, Tamara, Monfra) que tienen que aguantar tanto en los meses de campaña, el departamento de Administración (siempre he tenido curiosidad por ver algunas cuentas anuales, balances, cuentas de resultados... y comprobar si los de la agrupación dan tanto miedo y son tan complejos como me lo imagino en mi cabeza), auditores, técnicos, suministros, transporte, Juanlu, Arturo, mis queridos auxiliares administrativos (Pili, Patri, Juan, Noelia, Elena, Cristina...) y todos los compañeros moz@s de almacén con los que he tenido la inmensa suerte de coincidir (M°Carmen, Natalia, Vanesa, Vicky...).

Quiero acabar recalcando una idea. Las empresas son sus trabajadores. Personas, con nombres y apellidos. Y todos TODOS valeis mucho. Nadie es imprescindible, porque todos hacéis que esto funcione. Espero que algún día todos seáis valorados y os puedan ver como yo os veo

Hoy toca cerrar una etapa, y aunque el futuro es incierto... Si en el camino me topo con gente que me trate la mitad de bien que lo que habéis hecho vosotros me daré por satisfecho.

Por último quiero dar las gracias a mi prima Ester, porque a parte de ser la recepcionista más guapa y maja que conozco (y vaya a conocer) es mi prima y se merece un puesto especial 😁. Muchas gracias por acogerme con tanta simpatía desde el primer primerísimo momento, incluso antes de que me cogieran! No voy a extrañar ver tus looks y modelitos porque te los voy a ver por instagram 😜, pero si voy a extrañar echarme esas risas contigo en el café.

Muchas gracias a todos por tanto, todos estos recuerdos serán parte de mi camino 🥰🥰🥰

P.D.: Ánimo Juan, no será fácil, pero tendrás a tu lado a un equipo increíble.

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Nuestro infierno.

 Existe la teoría de que vivimos en el infierno.

Que todos tuvimos una oportunidad y fuimos juzgados, y nuestra penitencia es ser arrojados sin recuerdos a una vida sin propósito y sin sentido. 

Castigados a vivir con miedo de un destino seguro con un desenlace incierto. Sentenciados a una vida de sufrimiento, en la que desaparecen aquellos a quien queremos. 

¿Como podría ser el mundo, con toda su infinita belleza, el averno?

 Bueno, yo me pregunto... ¿Acaso no podíamos contemplar la belleza de las llamas del fuego eterno en el infierno? 

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Limbo

En vida me reía de los creyentes y su religión. Mi vida fue una constante búsqueda de la verdad, y realmente me escocía que para muchos la respuesta fuera Dios. La respuesta rápida y fácil que solucionaba cualquier dilema existencial que uno pudiera tener. Desde bien pronto supe que nunca iba a llegar a entender la vida, pero no me iba a conformar como el resto, y acabé adaptando el amor como respuesta. El amor le daría sentido a todo; una vida a su lado, luchando por su felicidad... todo merecía la pena, y la muerte y la vida ya no importaban mientras estuviera ella. Tanto la amé, que aquella noche en que morí me aferré al deseo de que, despertara donde despertase, ella estuviera ahí. Me daba igual alzarme en el paraíso que estar condenando en el infierno, reencarnarnos en un par de gorriones, salir los dos de este simulacro o despertarme en la más absoluta oscuridad del universo.

Y ahí estaba ella al despertar, a mi lado, para siempre.

Al principio fue un alivio. Ya no por no permanecer solo en esta especie de limbo, si no por que en cierta manera mi respuesta trascendió a la vida. Pero con el ¿tiempo? todo empezó a decaer y a perder el sentido. ¿De qué me sirve ahora que estemos juntos para siempre en la nada? El amor me dio propósito en vida, pero no me da ninguno en la muerte. Cada vez recuerdo menos de nuestro tiempo juntos. Ya no nos comunicamos. Ya ni si quiera nos miramos.
Es lo único que tengo... pero ya no estoy seguro de querer tenerla. 

Alguna vez pensé que la peor forma de morir sería ser enterrado vivo. Imagina despertar encerrado en un ataúd, ese instante de agonía en que te das cuenta de que no hay manera de salir, que nadie te va a escuchar gritar y que por mucho que golpees esa tabla no se va a romper. El agobio de no poderte mover, de no poder secar las lágrimas que ahogan tu cara, de no poder hacer nada salvo exhalar y esperar... mientras piensas en aquellos que no verás más.
Por momentos me siento de la misma manera. Estoy en un ataúd sin paredes, y lo peor es que estoy encerrado para siempre. Realmente pierdo la cordura, cuando entiendo que no entiendo nada, y que aquello en lo que creí no valió de nada, desperdicié toda mi vida viviendo una mentira.

En vida me reía de los creyentes y su religión. Que hipócrita fui, no me di cuenta que hice del amor mi religión. Supongo que esto es lo que siente un cristiano cuando muere y al alzarse ve que Dios les abandonó, que nunca existió. Pero ninguno de esos cristianos está... ¿Será que Dios existe? Prefiero no pensar, pero es imposible no pensar cuando es lo único que me queda. Ya de poco valdría resignarme a creer. Son muchos los que niegan a Dios, pero en el umbral de la muerte acaban aceptando la extremaunción. ¿Más vale tarde que nunca, no?

Y como castigo, a mi lado, quizá mi mayor error. Sé que no debería, pero me es imposible no culparla ahora de mi destino. A veces creo que ya no la amo... ¿cómo la voy a amar cuando ya no nos queda nada? Sólo un pasado cada vez más borroso y del que a menudo me arrepiento. En ocasiones la observo, e intuyo en sus vidriosos ojos que alguien le llama. Se pierde su mirada en un punto fijo, y llego a temer que en algún momento se deje llevar y me abandone. Porque en el fondo, sigo sin querer estar solo. Ella no compartía mi verdad, supongo que temía a la muerte como el resto, y que evitaba pensar en ello. Y aun no siendo devota de mi religión, ella está aquí. Yo la amé, pero fui un estúpido egoísta que proyectó sus inquietudes en ella y la usó para satisfacerse así mismo. 

Ella me amó, de verdad me amó.

Y es que, al final, mi mayor tormento no tiene que ver con el rollo existencial...

Mi mayor tormento es que la he arrastrado por siempre a este limbo conmigo.


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Psycho Factory

Nunca termina, este eterno lunes.
Que quedará de mí, ¿hay algo más que pueda envasar?
No me queda felicidad, ni cólera, ni ilusión,
toda se la llevó esta cadena de producción.

Ni siquiera tentación de untarme los dedos
con todos esos hilos de sueños rotos,
que rebosan sobre los engranajes de hierro,
que se arremolinan entre las cadenas de acero.

Me mata, me mata este lugar.
Me mata su ruido constante.
Me mata sus patrón interminable.
Me mata la monotonía que hay en este aire.

Me mato, cada vez que me envaso,
cada vez que me quedo sin parte de mi tiempo,
cada vez que merman mis sentimientos,
cada vez que meto en cajas 812 gramos de recuerdos.

Por ahí se va, y me da igual, parte de mi amor.
¿Pobre de mí, que me quedé sin él?
No, pobre de aquél para el que vaya a ser,
porque eso ni es amor, ni es querer.

Y cuando no me puedan succionar nada más,
en un palot de destrío arrojado,
¿será también esperanza, como Pandora,
lo único que extraerán de mi cuerpo machacado?

No, cuando uno no tiene nada mas que dar,
solo miedo será lo que albergue el corazón,
de aventurarse solo y a ciegas en la oscuridad final
esta fábrica hará de nuestro temor el más suculento licor.


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Ojos verdes.

"Ojos verdes". Un título demasiado genérico, como la letra de cualquier canción de pop español, un título que no dice nada, y sin embargo puede que sea de lo mas extraño que te vayan a decir nunca.

Me gustan tus ojos. A veces son verdes, otras se ven marrones. Tengo suerte de que no sean azules, para no compararlos con el cielo ni el mar. Tus ojos son especiales, lo pienso siempre que te miro.

Imagina un roble visto desde el interior de la Tierra. Su interior, un agujero negro, ese interior negro que no se puede ver. Y alrededor, las ramas castañas que se extienden en su copa, terminando en ese verde que tienen los árboles al acabar el verano. Y cuanto mas lo ilumina el sol, en un eclipse ocular, mas verde se vuelve.

Me hubiese tumbado en la ladera de tus mejillas, a la sombra de tus ojos y haber esperado un diluvio. Hundir las manos en la tierra mojada, y dar una bocanada de vida. Esperaría un rayo, o esperaría hasta el fin de nuestros días, y moriría feliz en ti, porque para mí eso era vida.

Abandonar la vida en un suspiro mientras te miro, sabiendo que todo mereció la pena, que toda daba igual, por muy mal que fuera lo demás. 

Bastaban tus ojos mirando los míos.
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Comisión de emergencia

Preside el despacho un enorme gráfico proyectado en la pared, dibujando una inclinada y descendiente curva en su tramo inicial, para terminar en una línea fija a ras del fondo. Lo contemplo y recuerdo como eran aquellos días al alza mientras suena de fondo el hilo musical con los ecos de “Way down we go” de Kaleo. Un suspiro de resignación y miro a cada lado de la sala. El retrato de un hombre serio y adusto, lleno de ideales, al lado Derecho. Al otro lado, el retrato de alguien que no me dice nada. Siempre por encima, seguramente no sean tan importantes… eso es algo que se, pero son como un estigma que duele día a día. Me pregunto si serán ellos la razón de que me encuentre aquí en este momento, esperando a que lleguen los miembros de la comisión de emergencia.

Abro la puerta para echar un vistazo impaciente a la espera de mis invitados. Por ahí anda correteando ese chico en su inocente triciclo. Hace años que le conozco, recorre eternamente los corredores de este edificio vacío, como Danny en el Hotel Overlook. Le digo que pase a la sala por pena, no será molestia alguna. Este chico quedó huérfano hace cerca de 8 años, no se volvió a saber nada de sus 11 o 12 familiares nunca más. Él sólo pasa y se sienta a un lado de la larga mesa del centro del despacho. Saca una rana de origami y la hace brincar, sin hacer caso al gráfico proyectado. Dulce inocencia, si él supiera…

Me acerco a las ventanas, con sus persianas firmemente bajadas. Me da miedo ver lo que hay más allá, tanto como los rayos de sol que se pueden filtrar a través de las formas oblonguas en una mañana de verano. Echo un vistazo rápido en mi reflejo, lo suficiente para ver la necesidad de ajustarme la corbata. Necesito que me ate bien el cuello, por si acaso piden mi cabeza. No me da pena no saber que se ve desde la ventana, me siento más seguro con mis miedos. Además puedo imaginar todo lo que yo quiera, y siempre será mejor que la realidad, ¿verdad?

Llegan tras unos minutos los asistentes. La primera es la chica nueva, Greta. Ella no quiere estar aquí, cree que lo disimula pero su cara es clara como el agua. No pensaba que fuera a venir. La habrá obligado su madre, o se lo habrá recomendado su psicóloga… no tengo ni idea. Tras ella entran Dam Sens y Tusep. El primero no fue el mismo desde lo de su padre, me pregunto hasta que punto puedo confiar en él. Con Tusep he tratado más, este sí es un viejo amigo que siempre estuvo ahí. Se puede ausentar por momentos, pero sé que siempre sigue mis pasos. Ahí estuvo él en mis mejores momentos, en esos días al alza. Entran los tres y comienza la reunión.

Los he convocado aquí por una emergencia. Me ha bastado echar un vistazo al historial de entradas para saber que algo no iba bien. Hace años que no escribo, apenas una entrada al año. ¿Acaso ya no tengo nada que contar? ¿No hay nada que pueda imaginar y relatar? Hago feedback de aquellos primeros años. Eran otros tiempos, desde luego. Abro un cajón y hay un viejo cuaderno amarillo, con anotaciones de filosofía. Este cuaderno me impulsó a emprender esta empresa. Lo abro y veo que sus apuntes también cesaron. Recuerdo quien lo escribía y me pregunto qué podría haberle pasado para dejarlo. ¿Sufrió también esta crisis? No sé, no parece de esos… parecía que él siempre tenía algo que contar. Podía ser de música, o podía ser de filosofía.

Bajo el cuaderno veo varios libros y revistas más. Los cojo y reviso al azar, y siento el dulce y suave pinchazo de la tristeza. Algunos sólo tienen portada, sin nada en su interior… pero recuerdo cuándo los cogí, y recuerdo el porqué. Otros están a la mitad también. Me pregunto qué puede pasar para que un 2012 uno deje de escribir.

Miro a la mesa y es suficiente para averiguar lo que pasa. Si quiero que esto siga a flote los necesito, pero no los tengo en mi día a día… eso ya lo admití en un escrito de 2015. Quizás es por eso que vivo en retrospectiva, recordándolo todo continuamente con nostalgia, hasta que la pena se desborda y me abastece para venir aquí y escribir.

¿Qué es la nostalgia? Es un monstruo, invisible. Está ahora, aquí, a mi lado. También está a tu lado, si es que eres feliz. Fuera de las oficinas de mi interior miro al frente y veo un árbol de navidad de 80 centímetros, decorado con bolas plateadas y doradas. Lo cogimos hará dos semanas en un Carrefour de Santander, y volvimos al ático y nos pasamos la tarde decorándolo y encendiendo sus luces navideñas. Esa tarde fui feliz a su lado montando nuestro primer árbol. Pasarán unos cuantos años y viviré, como siempre, en retrospectiva. Recordaré este momento y veré que no estábamos solos. Arbolito de navidad, me vas a doler.

La felicidad es la irremediable inversión que uno hace para llenarse el corazón de pena.

Y las necesito, a ambas, para ser quien soy y dar lo mejor de mí.
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Great Greta y su peor pesadilla.

- Adelante, siéntate. 

El momento en que me posé en ese diván de cuero negro fue la última vez que me pregunté a mí misma qué demonios hacía en esa consulta. Contentar a mi madre, supongo. Creía firmemente que estaba perdiendo el tiempo, que ésta mujer en absoluto iba a ayudarme con mis problemas. Mas aun, ni siquiera creo que le importen mis problemas. 

- ¿Eres Greta, verdad? 

Asiento con la cabeza, al tiempo que reprimo un “por desgracia”. En serio, ¿Greta? ¿En qué pensaban mis padres? ¿No podría haberme llamado María? ¿Alba? ¿Marta? Ya sabes, algo más corriente. Si me apellidase Garbo y tuviese una mirada de esas difíciles de olvidar, con una prometedora carrera como actriz por delante, la verdad es que no me hubiese importado. Pero me llamo Greta Sánchez… y olvídate de miradas especiales y actuaciones estelares. 

- Está bien Greta. Tu madre me comentó por teléfono brevemente tu caso, pero me gustaría que rellenaras este cuestionario para conocerte mejor y saber qué piensas tú de todo esto.

Créame señora, no creo que le guste saber lo que pienso ahora mismo de todo esto. Incluida usted. En ese momento abre un pequeño cajón de su escritorio de trabajo y saca varios folios grapados. Me acerca el formulario y le echo un vistazo por encima. El primer folio son preguntas de sí o no. A partir del segundo son escalas de esas en las que tienes que indicar de 0 a 5 cuán de acuerdo estás con una afirmación. Qué entretenido. 

- No te preocupes, puedes rellenarlo tranquilamente en casa.

Supongo que no he disimulado muy bien la total falta de interés que tengo en hacer este formulario. Ser transparente, virtud y defecto por partes iguales. 

- Hoy la sesión será breve, únicamente te haré un par de preguntas para ahondar un poco en tu carácter, ¿de acuerdo? –Hace una pausa a la espera de mi consentimiento. Al menos será breve, así que asiento. -Dime, Greta, ¿tienes pesadillas frecuentemente?

Tengo que reconocer que esa pregunta me pilla de improviso. Esperaba tener que indicar de 1 a 10 mi grado de depresión, si me siento agobiada, estresada, si me quiero suicidar… no sé, lo típico. El caso es que sí, si tiendo a tener pesadillas cada dos por tres desde que era una niña. 

 - Y dime, ¿hay alguna pesadilla que recuerdes especialmente? ¿que por algún motivo te aterrara más que otras? Cuéntame.

Por supuesto que la hay. Hace muchos años soñaba que en la oscuridad aparecían todo tipo de criaturas, fantasmas y demás seres terroríficos de Hollywood para asesinarme cruelmente o vengarse de mí porque… bueno, porque sí, estas cosas que sólo pasan en los sueños. Entonces me despertaba gritando y corriendo encendía todas las luces que me encontraba de camino a la habitación de mis padres. Sigo teniendo ese tipo de pesadillas, y reconozco que al despertarme enciendo la luz de mi habitación, pero queda en un susto que por lo general no vuelvo a recordar. Sin embargo, tuve una pesadilla muy distinta hace tiempo que no consigo sacarme de la cabeza. Dudo que esta mujer vaya a ayudarme con mis problemas, pero no tengo motivos para mentirla ni ganas de inventarme ninguna historia, por lo que cierro los ojos y revivo ese momento.

- Fue un sueño muy realista. Estaba en la finca de mis tíos, que se encuentra en una de las laderas del valle. Estaba en el patio de la parcela y había mucha gente, todos eran familiares creo, y todos hablaban entre ellos. Supongo que era algún tipo de celebración porque son las únicas ocasiones en las que la familia nos reunimos en la finca de mis tíos. Podría incluso decir que era verano… o eso me hacían pensar detalles como el cielo despejado y la piscina limpia. Entonces cerré los ojos y desapareció todo el mundo. En realidad no sé si cerré los ojos, pero se me hace difícil pensar que la gente desaparece sin saber cómo. El caso es que me quedé sola allí, en el patio, contemplando la ladera del valle y su vegetación mientras sonaban los chorros de agua cayendo sobre la piscina y el ruido de los insectos de verano. Bajo aquel inmenso cielo azul me invadió una sensación extraña difícil de explicar, algo a medio camino entre el miedo y la tristeza. No había nadie, pero sentía que alguien me observaba. No alguien que quisiera matarme ni nada por el estilo. Alguien… más bien algo, algo que me observaba sin saber de dónde por puro placer, como si fuera el resultado de una obra de arte. Me sentí tan pequeña y vulnerable, como si fuera una minúscula pieza de algo inmensamente más grande, de un mundo que se escapaba de mi comprensión. Y toda la importancia que le pueda dar una persona a su propia vida se desvanecía, como si el zumbido de las cigarras se impusiera sobre mi existencia. Por un momento me sentí feral, sin uso de razón alguno, como si sólo esperase mi momento de morir. Y sólo quería llorar, gritar y llorar, porque no sabía cuál era mi propósito allí. No, no en la finca, sino en la vida.
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El corral.


Ya llega. 
Ya llega el ama en lino blanco enfundada, 
reflejando los primeros rayos del alba.

Llega, con la mirada oculta bajo su pamela de paja,
 con la canasta de mimbre a sus espaldas.

Y todos en el corral se acercan, 
con la cara cabizbaja y las mejillas rosadas, 
el orgullo esconden mientras ahuecan sus alas.

Entonces serena el ama baja su canasta y nos abasta, 
a diestro y siniestro el cereal lanza.

Nuestros ojos se derrumban ante ella,
 picotean nuestros labios la arena en busca de grano,
 ese grano que a todos sacia y ceba.

Hacia el ocaso se aleja altiva el ama mientras airea su mata castaña, nos humilla su grandeza, el bochorno de tener alas
 y vivir a ras de la tierra.

Se pierde ella mas allá de la pradera, y llega la rutina, y todo el averío espera a que vuelva.
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Hasta que olvide.

Y entonces un buen día de calor, en una habitación abandonada de aquella casa de recuerdos cubiertos de polvo había una caja.

Y en aquella caja, llena de recuerdos que no son míos, encontré mi jersey, aquel jersey.

Y, en fin... nada cambió.

Quizá algún día llegué a pensar que si lo recuperase me sentiría mejor. Al menos se que no lo tiré, que aunque no lo llevara puesto, nunca lo abandoné. Y eso debería apaciguar las mareas de mi conciencia, pero no hizo falta.

Supongo que en algún momento bajó la marea de tu presencia, supongo que llegué a superarlo.

Y, en fin... tu jersey me hizo recordarte, cuando antes te recordaba cada día.

Y empecé a temer que cada vez te recordara menos, gradualmente, hasta que olvide aquel color de tus ojos, hasta que olvide como sonaba mi nombre en tu voz, hasta que olvide tu pelo plata, hasta que olvide aquel temor, aquel sacrificio y aquella impotencia, hasta que olvide, hasta que olvide...

Nadie muere hasta que se le olvida, me recuerdo a mí mismo. Sé que ocurre algo, ocurren los días, días tras días, va pasando algo... algo que te va matando poco a poco en mi interior, y que hace que me pierda junto a tí.

El jersey que aparece justo en este momento, sea casualidad o no, sin duda no pudo ser mas oportuno. Volví a guardarlo, en aquella caja de aquella habitación, no sin antes ver reflejado en la lana alguien que ya no se parecía a mí.

Se que no te voy a olvidar nunca, siempre y cuanto esté de mi mano, Pero no puedo evitar sentir esto al ver que ya no es lo mismo, que nada es como entonces.



Recuérdate a tí mismo quien eres y quien quieres ser.




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Nekrós


Existe un vacío entre la muerte y la vida que sólo lo llena el dolor y la agonía.
Existe más allá una inexistencia, difícil de imaginar, difícil de afrontar.
Cómo vencer el temor a no ser, si en ello va toda mi desazón,
si ello desmorona cada muro edificado en pos de la razón.

Cuán idiota se puede ser, por creer en lo que no se ve,
por creer que hay donde no ha de haber.

Existe un vacío entre la lágrima y el llanto,
angosto sufrimiento de desconocimiento,
vacía congoja que ruega por más vida.

Sólo más vida.
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La Verdad.

La cálida brisa de la tarde me arrullaba sobre el césped.
El sol, rojo a través de mis párpados, caliente se posaba.
La hierba que jugaba tras mis brazos.
Los pájaros que cantan a lo alto.
El sueño que sobreviene templado.
Este es mi sitio, la soledad de una tarde de verano.

Suena la alarma, dos en punto de la madrugada; fin del descanso.
Esta es mi verdad: una cama fría entre cuatro paredes de gotelé blanco.

Sigamos haciendo cualquier cosa con mi vida.

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Amigos Imaginarios

Existen batallas sin sentido. La gente lucha y guerrea, y ni siquiera sin saber por qué. En realidad no es que existan guerras sin razones, las razones se pierden en el tiempo. El enfrentamiento que comienza por la defensa de intereses se desvanece con el pasar de los años, dando a lugar a una guerra de honor en la que hijos heredan el espíritu de lucha de padres.

En medio de una guerra de honor nací yo, en las afueras de una ciudad devastada. Bajo mis pies se extendían kilómetros de aridez, sin una maldita brizna de hierba a la vista. Sin aire ni agua, al amparo del abrasador sol de Julio nací yo. Nací el día que Tusep me pensó, bajo la sombra de una enorme roca de aquel desierto. Se cansó de jugar a lanzar guijarros al vacío, y llorando su desgracia, maldiciendo esa guerra que se le escapaba de las manos, nací. Pensó en mí, en alguien con quien jugar los largos días de verano, alguien a quien poder contarle sus sueños de gloria y sus temores más profundos… alguien a quien tener, simplemente. Y con un “¿Quieres jugar?” comenzó nuestra historia.

Y a partir de ese día todo cambió. Pasábamos el tiempo echando carreras a través del desierto, aunque sólo fuera para sentir algo de ese viento que no se movía, y moríamos en nuestro agotamiento hasta que quedábamos dormidos sobre la tierra. El lanzamiento de piedras nunca fue tan emocionante hasta aquellos días. Jugábamos a superarnos por momentos. Una vez incluso llegamos a golpear al sol poniente, para hacerle saber que nos ardían sus abrazos. En otra ocasión nos levantamos en medio de la noche, y tiramos piedras hacia el espacio sideral con la esperanza de que un día se convirtieran en luminosas estrellas. Vivir en la sequía puede ser lo más difícil y tedioso que alguien pueda imaginar… ¿pero qué importa como sea la vida, si lo importante es tener con quien compartirla?

Pasaron los años, y una mañana nos despertó el estruendo de una escuadra de buques de guerra que surcaba los cielos. Tusep quedó absorto contemplándolos, y entonces dijo “¿Sabes? Creo que la vida es algo más que esto. Más que dejar que pasen los días corriendo sobre la miseria. Más que esperar a algo que cambie mi vida. Si no tomo las riendas de mi camino, la vida cabalgará tan rápido que ni siquiera me dará tiempo a darme cuenta de ella. Quiero hacer algo, hacer una muesca en la historia, que todos recuerden que esta vida fue mía… pero sobre todo, que supe vivirla”.

Acto seguido, cogió lo poco que tenía y puso rumbo a la capital de la región. El camino fue tan arduo como largo, con peligros que acechaban a cada suspiro, como si el destino nos estuviera poniendo a prueba… pero codo con codo pudimos superarlo todo.

Siempre imaginamos como sería el fin del mundo, y en nuestro viaje lo alcanzamos… al menos, en lo que hasta ahora había sido nuestro mundo. ¿Qué cómo era? En realidad, es algo inexplicable. La delicada arena se mueve en oleadas, sin saber de cierto cuando el suelo deja de ser arena para dar cabida al espejo del cielo al que llaman “mar”. Y así, caminamos sobre el borde del fin del mundo hasta llegar a la gran ciudad.

Antes de atravesar el umbral de la ciudad, Tusep se dirigió a mí: “Hemos recorrido lenguas de fuego durante días. Cada noche, la fría muerte nos invitaba a dejar la vida. Abandoné todo lo malo que conocía, porque creo que hay demasiado bueno por conocer. Pero tú, ¿por qué viniste?”

“Yo me fui porque tú te ibas.”

Nunca supe a qué se refería con “hacer una muesca en la historia” hasta que me encontré alistado en la armada. Ser un guerrero de honor, de esos que anteponen su voluntad ante cualquier circunstancia, sin pensar en consecuencias. Tusep conoció a mucha gente… se hizo rápidamente amigo de muchos. Todos eran un mundo, con sus pros y sus contras, aunque nadie tenía un amigo como yo. Incluso llegó a conquistar el amor de una hermosa lugareña.

Y entre unos y otros, Tusep comenzó a olvidarme. Siempre fui invisible, pero ahora era otra sensación. Poco a poco comencé a desvanecerme, este mundo ya no era el mío. Cada vez más me sentía fuera de lugar… y acabé afrontando la cruda verdad de que ya no me necesitaba. Finalmente, me sumergí en el espacio de la inexistencia…

En un mal momento, un par de años más allá, el destino me dejó volver junto a él. Volvió a pensar en mí, cuando conoció las atrocidades de las guerras de honor. Cuando conoció que los peores enemigos no están en el otro lado del frente, sino a tu lado en la trinchera. Cuando supo que de amor también se sufre. Cuando conoció el abandono, la traición y la deslealtad. Cuando él estaba solo, volví.

- Soledad, ¿qué haces tú aquí?

- Vine, porque te volviste a acordar de mí. Ahora me recuerdas, cuando estás solo, cuando no hay nadie que juegue contigo a tirar piedras, ni a quien confesarle tus sueños y tus penas. Recorrimos juntos todo el camino, pero tú me dejaste marchar.

- ¡Te eché de mi vida porque ya no te necesitaba! Dejé atrás los borrosos años de fantasmas de fantasías. Dejé atrás la ruina. ¡Tomé las riendas! Y pude saborear el amor, la amistad… ¡la amistad real!

- Cariño, no hay nada más real que tú, yo y este momento. La realidad es que en esta vida estás solo, y tu única compañía soy yo. Podrás olvidarme por momentos, pero siempre viviré en tu recuerdo. Conoces el dolor tan bien como me conoces a mí, y puedes intentar engañarte… pero lo sabes. Sabes que el auriga de nuestra historia nunca fuiste tú.

Y para que no te olvides de mí, aquí te dejo un presente. Es nuestra historia redactada, para que nunca olvides todo lo que hemos pasado. No te acuerdes de mí únicamente cuando estés solo…

Recuérdame en tus mejores momentos, porque siempre querré volver a verte.

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Downpour

Mi gata ve fantasmas,¿los ves tu?

Lo pregunto porque actúas igual que ella, cada vez que te pregunto te quedas mirando a ninguna parte en concreto.O quizás al horizonte, a través de la ventana, como si las respuestas fueran a aparecer escritas sobre la escarcha del cristal.

Puedes seguir pasando las horas claustrado en tus cuatro paredes, escuchando el repiqueteo de la lluvia pesada que choca contra tu ventana. Siente como la inseguridad te invade día a día, que se acopla a ti como mugre sobre tu piel. Puedes dejar que la soledad torture tu futuro y llorar porque nadie te recordará.

¿Y si ..y si salgo?¿y si salgo en medio del agua cero? Bajo este cielo siento la lluvia, que limpia mis impurezas, que borra mi pasado, que aclara mis ideas. Dejo que el agua se lleve la cascara de la inseguridad, y que deje ver quien soy de verdad. Salto sobre cada charco y empapo mis pies y sufro las ampollas de la realidad, la mejor realidad. Cálame hasta los huesos de esta felicidad que arrecie cada uno de mis días. Ahógame en la marea de tu pasión. Que nunca deje de llover, que nunca falten las nubes negras que anuncian tu llegada.
Ahora yo bailo en tus aguas y tu bailas en las mías.

downpour

 

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El Refugio en el Árbol

Te voy a contar una historia un poco al azar, de un niño que jugaba, jugaba a esconderse y a encontrar. Y se encontró escondido en el interior del tronco de un baobab. ¡Bendita Soledad! Entendió que no era un juego, que el no quería encontrar a los demás, que el solo quería encontrar a soledad. Bendita tranquilidad, 20 años dormido en un baobab. Le gusta dormir y le gusta meditar, le gusta contemplar y le gusta soñar. Y de pronto soñó la realidad, de un leñador que pasaba por allá y abría aquel baobab. Apresúrese la gente, que el niño perdido es encontrado de repente. Acumúlese la multitud, que este maldito árbol era su ataúd.

-Pobre criatura,veinte años de sepultura.

-No es por ser maruja, pero su madre debe ser una bruja.

-¿Y dónde está su padre? ¡Debe ser un cobarde!.

-¡Llamen a un sastre, sus ropas están hechas un lastre!

Hablan y critican, perfección es todo lo que predican. Todos me miran y cotillean, me rodean para que todos me vean.

Ojalá todo fuera una pesadilla, y ahora lo recuerdo… todo empezó con aquellas cosquillas. Me escondí porque nadie me entendía. Todos cotilleaban y preguntaban, por qué yo lloraba cuando le hacía cosquillas. Nadie entendía que no lloraba por hacerle cosquillas. Lloraba por el ademán que hacía, de apartar los pies porque no contenía la risa. Recuerdo ese amago de apartar los pies, no pude olvidarlo durante toda mi vida. Sus risas… sus risas en mis oídos eran sinfonía. Y ya no puedo hacer cosquillas sin recordar aquella sinfonía. Me pareció buen plan, vivir dormido recordando su sonrisa.

Pero solo me pareció bien a mi, porque todos se reían. Decían que vaya osadía, vaya tontería. Tontos vosotros, imbéciles, que no recordáis sus risas. Ahora venís, cuando a nadie le importaba lo que yo hacía, cuando yo lloraba sus penas cada día… Y venís a esto, a reprocharme lo que hago, que por qué me escondo y por qué no salgo, que por qué no estudio y que por qué no hablo… ¿es que nadie aprecia lo que valgo? y si soy diferente a la gente… ¿no os dais cuenta que nunca va a ser suficiente?

Pues lo que veis es lo que soy, y soy todo lo que pienso. Soy un intento de ser alguien, pero no seré lo que todos quieren. No me gusta hablar, y tened claro que no voy a cambiar. Soy tímido y torpe, egoísta y mediocre, tan aburrido como sencillo. Y quizás me guste dormir y ver como pasa mi vida sentado en una silla.

Pensé “siempre tendré un lugar al que regresar”, y volví a aquel Baobab, con sus ramas alzadas al vacío esperando mi abrazo. Pero solo quedaban las raíces de lo que alguna vez fue. Yo… yo… yo dije todas esas cosas porque pensé que me podría volver a esconder… ¿Y ahora que hago? Si ya no estás aquí… si no estás aquí estoy perdido. No se donde ir, ningún sitio es mi lugar. Este dolor… estas ganas de vomitar… me he ahogado en mi propia miseria, por aferrarme a la dulce decadencia. Pendo de un hilo en la deriva de la inseguridad.

Pasaron los años y todos me hicieron daño, pasaron los meses esperando a que bajes y me beses, pasaron los días y ya siento que no puedo vivir sin ti, vida mía.

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Playing Something Called Life

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Te pasas la Vida esperando a que pase Algo y lo único que pasa es la Vida

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Día Gris

Hoy es un día gris, otro día gris, uno de esos en los que apetece morir.
Se sentó en el borde de la cama, mientras las lágrimas afilaban su navaja.
Sabe que la gente espera mucho de él, y lo intenta
y siempre se queda en el intento, es una decepción.
A cada paso que da comete otro error,
si toma una elección, nunca es la mejor elección,
si no falla a unos, falla a otros, pero siempre se falla a sí mismo.
Que vida más triste, si no confía en nadie, y menos aún en él.
Sabe de sobra que no quiere vivir, pero no puede morir
porque heriría a quienes no esperan eso de él.
Lo ideal sería no haber nacido, no haber dejado huella,
pero eso es imposible… utópico, fantástico, términos prohibidos.
Y siempre es lo mismo, no es quien quiere,
gordo y feo, intenta ser simpático y no cae bien a nadie,
quiere ser como el vecino de enfrente, como el chico de la tele,
quiere ser cualquiera, cualquiera menos él.
Sabe que sobra, que siempre ha sido una carga para todos…

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Está atorado en una vida que no quiere vivir,
soportando el peso del mundo sobre sus hombros.

 

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Seven

¿Quién dijo que los pecadores no van al cielo?

Puedo darte siete motivos, por los que,
durante estos siete meses,
he estado en el séptimo cielo.

He pecado, mucho.
He pecado de Gula, por querer comerte enterito,
porque me alimento a base de ti y nunca es suficiente,
por querer comerte cada día un poco más,
por haber probado algo tan dulce
que prohibido debería estar.

También peco de avaricia
porque te quiero solo para mí,
sólo yo quiero ser tu dueño,
que de esa boca salen mis besos,
y son para mí, y sólo para mí, como tus sueños 
te amo, y sólo yo quien te ame ser quiero.

Y peco de envidia,
envidio a los que te rodean si no estoy contigo,
envidio, mucho, a los que te hacen feliz
cuando yo no estoy para poder hacerlo
y envidio, a los que disfrutan contigo
cuando yo no puedo estar testigo entre ellos.

Me vuelvo perezoso, me invade la acidia,
siento, que no merece la pena si no es junto a ti,
mi primer motor, el ánimo que necesito cada mañana
para poder levantarme de la cama,
que si no… que si no estoy perdido
y me pudre la apatía y tristeza que espantas.

Y me llena de Ira, me cuece la sangre,
cuando la felicidad no corre por su cauce,
porque nuestro amor no es libre, lo se, por ellos, 
maldigo a los que no nos quieren,
a todos aquellos que miran con recelo lo que siento, 
venganza y resentimiento, dolor a todos ellos.

Y sobre los pecados de lujuria,
mejor preguntarle a las paredes que callan,
a la luna que morbosa nos observa nocturna,
enroscados en las sábanas de tu cama,
exhalando pasión sobre la almohada,
a ellos preguntadle esos secretos que mi alma guarda.

Y por último, de soberbia pecador,
por gritar que eres mi niño, que por ti todo lo doy,
que sepan que te amo y me amas, vanidoso soy,
por amar a alguien como tu orgulloso me siento,
que vean y miren, que eres lo mejor que tengo,
que con tu presencia a mi lado yo me completo.

Cada vez que peco, más feliz me siento.
Todo, siempre, junto a ti, por ti y para ti,
eres causa y consecuencia de mis acciones.
No necesito alas para volar,
ni necesito volar para sentir esa altura,
sólo te necesito conmigo para seguir escalando cielos,
que hay mucho que ascender, infinito es el cielo,
tan infinito como el amor que tenemos.

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Gracias, Eva, por enseñarnos a morder la tentación.

Gracias, Iván, por enseñarme a vivir.

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Fuego

Dijo alguna vez Heráclito que
”Las cosas provienen del fuego y acaban en el fuego”.
Es triste, pensar que la vida es un ciclo,
que tal como empezó,todo termina,
la hoguera de la existencia se consume.
Es triste y absurdo, carece de razón,
secuencias que nacen en un marco,
en el marco de la eternidad de Dios.
Pero aquí estoy, en mi ciclo, viviendo mi vida,
porque así nací y así pienso morir.
Es triste, la gente perece, es complicado.
Pero somos fuego, y tenemos que brillar.
Me voy a consumir, todo lo que pueda, cada día,
quiero arder, quiero explotar
y cuando todo vaya mal
prometo que no me apagaré jamás
esta es mi vida
y voy a bailar sobre mis cenizas.

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¿Ves ese humo?
Si, es culpa mía.

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El segundo que me regala

Lo veo tan claro, que creo que estoy ciego.
Pero está bien, me has cegado con tu luz resplandeciente.
No necesito los ojos, ni el oído, ni tacto ni gusto ni olfato.
El sentido que necesito me lo da el corazón.
Este sentimiento que nunca tuve…
este sentimiento se sale de lo terrenal,
algo tan inocente y bello no puede ser de este mundo.

Y tú, no se dónde has estado todo este tiempo,
ni se de dónde has salido, ni de que estás hecho,
que tu no eres como los demás.
Tú siempre estabas en mi fantasía,
hecho del mismo material que mis sueños
y ahora eres tan real que no acabo de creerlo.

Eres lo que siempre quise, el deseo que siempre pedí.
Así que ahora toca disfrutar. Ya tengo todo lo que necesitaba.
Es hora de dejar de pedir deseos y soñar mi vida.
Es hora de ser feliz y cumplir promesas…
y vivir mi vida junto a ti.

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Gracias por regalarme un momento cada día,
porque un día sin ni siquiera decirte un “te quiero”
es un día que ya no merece tanto la pena.
Cada mañana, cuando piso el suelo frío en mi mente estás tu,
el ánimo que necesito para empezar mi día.
Y cada noche, antes de dormir pienso en ti,
por si hubiera suerte y sueño que estoy contigo.
Eres mucho Iván…
A veces siento que no soy capaz de expresarme,
no lo suficiente… pero es que esto no dejan de ser letras,
y lo que yo siento… lo que yo siento son mucho mas que palabras.
Te quiero, y aunque parezca imposible…
Cada día te quiero más.

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