Punto de fuga

Faltaban aún 20 minutos para que llegase su tren. Ojalá fueran 20 horas, o incluso 20 días, porque coger aquel tren significaba volver atrás, volver a la rutina, volver a la vida...

Se dispuso a cruzar el puente elevado para llegar al otro andén, pero la panorámica captó su atención. Clavó la mirada en el horizonte, donde las vías convergían en un mismo punto. Recordó aquellos trabajos de plástica, trazando líneas desde el punto de fuga.

Entonces el punto de fuga cobró un nuevo sentido. ¿Quién lo llamó así, ese punto imaginario?¿Sería alguien como él?¿También querría huir? Se imaginó, elevando su cuerpo sobre la vía, trascendiendo de la vida. Su materia, absorbida de manera convergente en el horizonte, como el agujero negro que tira de la existencia en el horizonte de sucesos. Se preguntaba, en ese caso, si su deformado cuerpo orbitando alrededor de la tierra, a la velocidad de la luz, se vería cómo los anillos de polvo estelar de saturno. Se preguntaba como de ridículo se vería.

Se preguntaba cómo había llegado hasta este punto, en el que quería fugarse por el punto de fuga. Se preguntaba en qué momento había comenzado a preguntarse. Se preguntaba cuando se dejó de preguntar...



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